El proyecto se articula a partir de una intervención mínima sobre el contenedor, donde la iluminación y el recorrido asumen el papel principal en la construcción del espacio.
La sala se organiza como una secuencia continua que guía al visitante sin compartimentaciones, permitiendo una lectura progresiva de las piezas. Un trazo lineal en pared actúa como hilo conductor y referencia de orientación, estructurando el recorrido y relacionando las obras entre sí. La iluminación, graduada en temperatura y acento, genera distintos niveles de intensidad perceptiva y establece jerarquías sin necesidad de elementos físicos adicionales.
El interiorismo reduce su presencia material para potenciar la experiencia: el espacio no compite con la obra, la enmarca y la acompaña, utilizando luz, color y ritmo como herramientas principales de mediación expositiva.